miércoles, 30 de marzo de 2011

¿Para qué poesía a los niños?


         Las palabras son el vehículo del pensamiento, el tren de la poesía. Los niños al recrearse, al entenderse con las palabras, aprenden que ellas nos definen, nos crean, nos abren universos, pues una palabra es un cofre que espera ser abierto.
 
Los niños al educarse en la poesía crean el hábito por la lectura, encuentran ideas, sensaciones, y hallan la manera de expresarlas a través del lenguaje escrito; mejoran su aprendizaje, logran sensibilidad para con ellos mismos y con los otros, pues, en la poesía, se contempla y se reflexiona. Ejercitan la memoria, la imaginación, al reconstruir un instante, un objeto o un ser amado. Subliman sus enojos, consuelan sus tristezas, piensan lo que sienten.
 
La identidad del niño se puede construir con la poesía, que enseña sobre el amor como puente entre los hombres; alegra o consuela con el verso un instante de tristeza, una pérdida; enseña la trascendencia de las cosas, o sobre lo mezquino de los hombres a través de las palabras. De esta manera adquiere el niño una madurez emocional, pues logra conciencia de sus emociones, expresándolas y entendiéndolas a través de la poesía.
 
El poema es un mundo reconstruido por la mente, extraído de la memoria, de la vivencia constante. Cualquier circunstancia, recuerdo, idea u objeto, es en potencia poesía, sólo falta alguien que lo nombre, que le extraiga la esencia y le dé forma. El niño como el adulto es capaz de hacerlo, sólo es cuestión de enseñarles la posibilidad, de encontrarlos con la lectura de la poesía.

Abraham Peralta Vélez   

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